miércoles, 4 de abril de 2012

Reseña: Los Juegos del Hambre

Aviso: si no han visto la película/leído los libros, no procedan a leer. Si tienen curiosidad de saber mi opinión, lean bajo su propio riesgo. Me libro de cualquier responsabilidad.

Mi opinión resumida: me encantó la película. Aún no he leído los libros, planea hacerlo muy pronto. Si la película fue un éxito para mi, creo que los libros serán aún mejores.

Ahora bien, una interpretación desde mi punto de vista.

¿Alguna vez se pusieron a pensar de que "Los juegos del hambre" es en realidad un reflejo de nuestra sociedad? ¿No? Bueno, ahora lo saben o por lo menos tienen noción de ello. ¿A qué me refiero? Simple: tributos escogidos al azar (el caso de Katniss es un caso especial), lanzados a una competencia de vida o muerte -palabras claves: vida y muerte- mientras toda una sociedad retorcida observa, hace apuestas y ríe y disfruta de al vida mientras los tributos matan a sangre fría para sobrevivir. Sólo uno sobrevive, todos los demás deben de ser eliminados. Apuestas, patrocinadores, insultos, rivalidades... Diganme, ¿no les recuerda algo? ¿En verdad que no? Muy bien, vayamos más profundo.

Sorteo: exámenes de admisión, entrevistas a un trabajo.
Tributos: personas escogidas al azar (exceptuando ciertos "distritos" o estratos sociales) que se tienen que aguantar las ganas de llorar, rabiar y perder la esperanza para sobrevivir y salir adelante.
Los juegos del hambre: un torneo sangriento en donde todo son trampas, nadie puede confiar en nadie y uno aprende a matar a sangre fría sin remordimiento ni consideración por el valor de la vida humana (¿a alguien se le viene a la mente un trabajo en donde sea?).
Patrocinadores: personas a las que les importa cómo te veas y qué drama armes en donde estés y, en base a eso, te darán cosas que te ayudarán.
Tributos entrenados: personas de distritos más centrales (¿a alguien se le viene a la mente algunas universidades/empresas?) entrenadas específicamente para los Juegos, cuyo único objetivo es destruirte de manera fría y sin misericordia ni arrepentimiento.
Centro de mando: personas que te quieren hacer la vida imposible, normalmente autoridades
Distritos exteriores: gente alienada, rechazada de la sociedad que se mata trabajando para poder mantener a su familia y salir adelante, inocentes y ajenos a lo que pasa en la capital, pero sufriendo todas las extravaganzas de los ricos.
Capital/Capitolio: capital del país donde vive toda la gente de alta sociedad. Ellos no sufren de los Juegos porque son el único distrito que no está incluido en el Tratado de Traición, ya que los otros doce distritos se rebelaron en contra de éste.

¿Necesito decir algo más? ¿No? Muy bien, creo que he logrado hacer mi punto válido.

Lo más irónico del caso es escuchar a la gente murmurar en el cine: "¡Qué horrible!", sin darse cuenta de que es exactamente lo mismo que pasa en nuestra sociedad.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Recuento de Daños/Daño Colateral

Pues bien, han pasado aproximadamente dos meses desde que entré nuevamente a la escuela. Ahora como alumno regular, lo cual me causa una gran alegría. El único problema, sin embargo, es que he terminado siendo daño colateral junto con unos contados amigos y compañeros del grupo en el cual me encuentro inscrito. Se preguntarán cómo ha pasado ésto. Es muy sencillo, en verdad que lo es:

Tráfico de exámenes.

Exactamente como lo leen. En mi grupo se dio un caso de tráfico de exámenes. Los doctores que nos imparten clase saben únicamente de una materia. Yo sé más. Fueron tres exámenes de tres materias diferentes y sé quienes fueron los culpables. Lamentablemente, no me corresponde decirlo. Ahora por eso nos han anulado la calificación de embriología del primer parcial. Mañana tendremos un examen para reemplazar dicha calificación, el cual tendrá un valor del cien porciento de la calificación total. Yo sé que puedo estudiar y sacar un examen bastante bueno, pero ése no es el problema.

El problema que yo me planteo es éste: alumnos de una escuela de medicina, los cuales tendrán en sus manos la vida de personas, traficando exámenes y copiando en medio de un examen que los preparará para atender personas quienes confiarán en ellos de manera ciega. Alumnos de medicina que no logran comprender que ya no están en la preparatoria donde las cosas eran completamente dierentes y podías pasar una materia sin preocuparte a qué pasara después. Alumnos de medicina que, en un futuro, serán médicos no aptos para atender pacientes ya que no sabrán las bases de lo que necesitan para atender a las personas.

Probablemente estoy siendo algo extremista, pero mi concpeción de un médico siempre ha sido la siguiente: una persona culta, con conocimientos de amplias zonas del saber humano, discreto cuando debe serlo, analista y capaz de mantener la calma en momentos de emergencia, una persona con un alto valor intelectual, respetuoso y seguro de sí mismo. Nunca he visto a un médico de otra manera, y aspiro a ser eso. Sin embargo, mi concepción varía completamente con la concepción que probablemente tengan mis compañeros.

Lamentablemente, únicamente somos daño colateral en una ciudad donde los justos pagan por los pecadores.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Scientia et Deus

Hoy y mañana hay exámenes profesionales en mi universidad. Dos días, muchos alumnos, la escuela llena hasta el límite... y la preocupación tangible en todos los rincones de la misma. Ahora, agreguen a eso los exámenes de tercer parcial que están por terminar y tendrán una idea de cómo la escuela está hecha una bomba de emociones que puede explotar en cualquier momento. Así también estoy yo: vuelto completamente una bomba de tiempo. ¿Por qué? Digamos que el hecho de estudiar medicina tiene repercusiones en tu persona. No físicamente (al menos no por el momento, eso vendrá después), sino mentalmente. Ahora les platico el por qué.

Mi escuela, o al menos tres cuartas parte de ella, se proclama atea completamente. Se los resumo con esta frase de mi maestro de anatomía, el doctor Servín: "La presencia de Dios es la ausencia del conocimiento". Tres cuartas partes de mi salón (llegaría a decir que incluso más) está de acuerdo con él. ¿Yo? Ahí reside el problema. ¿En dónde demonios me encuentro? Viniendo de una preparatoria de inspiración cristiana y habiendo tomado clases de formación cristiana, siempre se me dijo que la ciencia y la religión no tienen por qué estar peleadas, que son dos vistas complementarias del mundo en el que vivimos. Llegando a la unviersidad me encuentro que aún está todo estigmatizado, que la religión, en una escuela de medicina, no tiene lugar. Algunos de mis profesores son creyentes confesos (un claro caso: mi maestra de embriología). También algunos alumnos son creyentes. El tema ha surgido muchas veces a conversación entre mis amigos. Muchos son ateos confesos, otros tantos son creyentes. Regreso a mi pregunta: ¿en dónde demonios me encuentro? Lo primero que se me viene a la mente es ésto: me encuentro en crisis religiosa. Si mis padres supieran, probablemente ya no estaría en medicina. Sin embargo, no tienen por qué saberlo. Son cosas mías, no tienen por qué saber lo que ocurre en mi cabeza. A pesar de ello, me siento mal sabiendo que ellos no saben lo que siento.

Supongo que ellos no tienen por qué saberlo. El punto, tal cual, no es ese. Quiero saber en dónde me encuentro yo. ¿Qué es lo que pienso? ¿En qué creo? Muchas veces pienso que aquella relación que me enseñaron en preparatoria, aquella utópica relación que todo científico añora, es solamente eso: una utopía.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Finales, finales y más finales!

Regreso después de una ausencia algo prolongada a mi pequeño santuario.


Estoy a punto de terminar mi primer semestre de carrera... o algo similar. Sea como sea, el semestre está por acabar. ¿Qué he aprendido? Muchas cosas, en verdad muchísimas. Sin embargo, unas son más valiosas que otras. Estoy sentado en la plaza de mi escuela a 1°C, con las manos descubiertas y portando un suéter blanco, la bata, mi gabardina negra y una bufanda. El pasto está congelado. Supongo que tienen alguna idea del frío que hace. Se preguntarán por qué no estoy en un salón de clase. La respuesta es muy sencilla: no estoy haciendo un examen.

No se preocupen, no me sacaron del examen. No soy un alumno que estaría aquí si le hubieran retirado el examen. Las cosas son un poco más sencillas pero algo más difíciles de creer: la doctora que nos imparte embriología decidió exentarme del examen del tercer parcial. ¿Sorprendidos? No creo que estén más sorprendidos que un servidor. Literalmente me temblaban las manos cuando la maestra me dio la noticia y me dijo que podía retirarme del salón. Torpemente lo hice, y aquí me encuentro, sentado, en medio del frío, con el celular a punto de congelarse y mis dedos igual. Es tan... extraño.

Es semana de exámenes de tercer parcial, y la semana siguiente comienzan los examenes finales (extraordinarios, para mi escuela). No presentaré alguno de ellos por razones que... pues, simplemente no funcionaron como pensé que lo harían. Por eso estoy como estoy: confundido, feliz, y sumamente satisfecho. Es impresionante que los mismos doctores que te imparten clase se den cuenta de lo que eres y que te lo hagan saber sin siquiera tú saberlo. Te hace sentir bien y, en mi caso, me doy cuenta de que muchas cosas se ganan con esfuerzo y trabajo, sin alardeos y sin presunciones. Supongo que así será mi carrera: trabajo arduo, largas horas sin dormir, temas incomprensibles al principio y, después de todo ello, una recompensa del tamaño del mundo, de tu mundo. Saben, siempre se dice que el mundo es tan grande como tú quieras. Si posees una visión pequeña del mundo, tu mundo será completamente limitado y estrecho. Si eres de aquellas personas que se dedica a soñar, a buscar siempre el horizonte y aspiras a algo más que un pequeño mundo, te darás cuenta de que es cierto: el mundo es tan grande como tú lo desees. Un gran amigo mío comentó una vez que estaba listo para comerse al mundo. Yo le respondí que debía comerse al mundo antes de que éste se lo comiera a él. Francamente, las cosas son así: tienes que estar preparado para lo que la vida te lance, porque puede ser que te lance una curva y tú no estés listo para atraparlo. Cuando estudiaba en la secundaria, yo pensaba que el mundo era perfecto. Vivía en mi pequeña burbuja color rosa. Cuando ingresé a la preparatoria, las cosas cambiaron. Me dí cuenta de que el mundo no era como yo creía, que mucha gente sufría y moría diariamente sin que los demás supieran. Momentos así marcan tu vida. Cuando tienes una revelación, lo mejor que puedes hacer es seguir tus instintos. Aquel momento marcó mi vida eternamente, y lo primero que hice fue seguir mis instintos. ¿A dónde me llevaron? A donde estoy ahora: estudiante de medicina de primer semestre, sentado en medio del frío escribiendo una entrada a su blog porque quiere compartir lo que siente, lo que piensa y lo que ha vivido.

Disfruten su día y recuerden que ustedes son los autores de su propia historia, no alguien más.

domingo, 16 de octubre de 2011

Confesiones de un médicoblasto

Médicoblasto: un médico en formación, estudiante de medicina (créditos a Luis Lavigne).


Pues bien, han pasado ocho meses desde mi última entrada en el blog. Antes que nada, he de advertir que mi vida como la había conocido hace meses ha cambiado completamente. ¿Por qué? Sencillo:

He entrado a la universidad... O algo similar a ello.

Pues verán, después de haber fallado épicamente el examen de admisión a la UNAM en la primera vuelta, comencé a considerar el IPN como una opción verdadera y firme para estudiar medicina. Tomé un curso de preparación y, por un sueño que tuve, decidí hacer la segunda vuelta para la UNAM, aplicando ahora para la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. Hice ambos exámenes (con una semana de separación entre ellos plagada de exámenes de tercer parcial en mi preparatoria) y, por razones que aún no logro comprender, fui admitido en ambas universidades. Decidí ingresar al IPN, a la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía, en la carrera de Médico Cirujano y Homeópata. Ahora sí, me siento importante.

Sin embargo, hay algo curioso dentro de toda esta historia.

Me siento como pez en el agua. Es algo bastante divertido. Me encuentro relajado, animado, feliz, pleno... Agreguen todos los sinónimos de esas palabras, comprímanlas en tamaño infinitesimal e insértenlas en su cuerpo con un detonador, hagan que explote y sabrán cómo me siento. He aprendido tantas cosas y visto tantas más que simplemente no comprendo cómo es que mi mente no explota. En lugar de eso, se vuelve esponja. Quiero saber más, quiero ver más, quiero hacer más... ¡Me quiero comer mi carrera! ¡Es simplemente impresionante! Mi madre dice que me encanta. Padre no quiere que le cuente lo que estudio, pero bueno... Mi hermana a veces me pregunta, sobre todo de Embriología. Con mamá es con quien más hablo y comento las cosas. Incluso me hace preguntas interesantes. Anatomía, embriología, bioquímica médica, histología... Materias básicas y maravillosas.

Ahora, hace unos días, un amigo publicó un enlace a otro blog, http://diariodeunmedicoblasto.blogspot.com, en el cual me reconocí en la manera de escritura. Resulta, por asares del destino, que el autor también estudia en mi escuela. ¿Casualidad? No lo creo.

Necesidad... Eso sí que lo creo.

jueves, 31 de marzo de 2011

Hablemos de música

Música (f, del griego mousikh, relativo a las musas, o lo poético): arte de expresarse por medio de sonidos armonizados.

De acuerdo a la definición de mi diccionario etimológico grecolatino del español, música significa lo escrito arriba. Sin embargo, creo que hay veces en que la música trasciende todo lo que son las barreras del sonido y la realidad misma para convertirse en algo sagrado y divino. Si no es así, ¿de qué manera podemos explicar este hermoso video? ¿No es cierto que la música está dentro de todos? ¿Somos tan egoístas como para negarle a las personas con capacidades diferentes el gozo y la felicidad de sentir la música en su cuerpo? Sé que, como se ha tocado en clase de filosofía, es extremadamente difícil explicarle a una persona que no puede escuchar qué es la música. Lo mismo sucede con una persona que no puede ver con sus ojos. Sin embargo, ¿qué pasa cuando als personas puede ver con sus oídos y escuchar por el tacto? ¿Ésto no es música? ¿No pueden disfrutar de lo mismo que nosotros?

Una vez, en un viaje que hice hace no mucho, el guía nos pidió que viéramos con nuestros ojos y que escuháramos con nuestra piel. Acto seguido, dijo que cerráramos los ojos y tomáramos de los hombros a la persona de enfrente. Después de ello, nos llevó a todos, con los ojos cerrados, hasta un lugar que no conocíamos. Ahí, dijo algo hermoso:

-Vean con sus oídos. Escuchen a la Madre Naturaleza y vean el lugar que tienen frente a ustedes.

Me esforcé lo mejor que pude. Abrí mis sentidos, intentando percibir todo lo que me rodeaba. Para ser sincero, me sorprendí. Sentí tantas cosas que no se pueden describir. Sentía a los demás a mis costados, pero también sentía el suave pero continuo murmullo de la vida. Era un suave torrente que giraba a nuestro alrededor, emanando de todas partes. En un principio, parecía débil. Sin embargo, fue creciendo hasta convertirse en un rugido poderoso que logró silenciar todo pensamiento, llenando mi cuerpo y mi mente de una tranquilidad tan hermosa que nunca he podido experimentar en otro lugar salvo cuando he logrado llegar a un alto nivel de meditación. Entonces, el guía nos dijo que abriéramos nuestros ojos. Frente a mí se encontraba una pequeña sección del cañón que habíamos descendido anteriormente en rappel. Mi sorpresa fue enorme cuando noté que la imagen que se había formado en mi mente coincidía de manera increíble con lo que tenía frente a mis ojos. El impacto mental fue enorme, pero la sensación de estar rodeado de vida era sobrecogedora.

Utilizo este ejemplo de mi vida para hacer notar que no es imposible observar con nuestros oídos y escuchar con el tacto. Es tan posible que muchas personas lo hacen día a día, sin pensar que es una tarea imposible. Si ellos lo hacen tan natural, ¿por qué nosotros nos encargamos de hacerlo algo tan extraordinario? Estamos tan acostumbrados a tener todos nuestros sentidos que, si por un momento imagináramos que no podemos ver o escuchar, nuestro mundo como lo conocemos se acabaría. No es posible que siempre intenemos hacer de una simple cosa algo enorme.

Entonces, con toda la firmeza que puedo recabar, declaro que todas las personas que hacen ésto en su día a día son héroes. Sí, héroes.

"Fuera del mundo de los sueños, la vida puede parecer difícil, incluso cruel... Pero es vida."

miércoles, 30 de marzo de 2011

¡Anarquía!

Crisis (f., del latín crisis, y éste del griego krisis (decisión, juicio), que proviene de krinw, juzgar): momento decisivo.

Pues sí, me encuentro en crisis. Es curioso cómo un simple evento es capaz de destruir tu concepción del mundo, provocando que tus valores se remuevan en sus cimientos y se llenen de fisuras. Al parecer, dicha crisis me ha llevado a convertirme, por el momento, en un anárquico total. No es algo lindo, ya que es completamente diferente a lo que suelo ser (tranquilo, introvertido, serio). Sin embargo, siento que necesito este periodo de rebeldía para encontrar, nuevamente, una manera con la que pueda percibir la realidad. La que tenía anteriormente se yace frente a mí destruida completamente y sin opción a reparación. Así, me encuentro en un momento decisivo de mi vida: ¿luchar por lo que en verdad quiero o dejarme llevar por estos sentimientos que, poco a poco, son cada vez más fuertes e intensos?

Es entonzes kuando uno komprende la fragilidad de la bida...